Exposición: Lewis Hine

lewis_hine_007La Fundación Mapfre expone estos días una muestra del trabajo de Lewis Hine, un oscuro fotógrafo de principios del siglo XX al que se puede considerar uno de los pioneros del reportaje de denuncia social. ¿Y quién es Hine?

Hine no era un gran fotógrafo, ni en el terreno técnico ni en el artístico, pero sí un pionero del reportaje social, con iniciativa para situarse en medio de los menos afortunados y paciencia para escuchar y retratar sus historias. El resultado de su trabajo es un interesante testimonio del cambio que sufrió la sociedad americana en torno a la Gran Depresión.

Lewis Hine nació en 1864 en Wisconsin, en un sitio perdido en medio de la nada, cerca de la frontera con Canadá y muy lejos de cualquier sitio con algo de glamour o historia. Fué un fotógrafo tardío, que dedicó sus primeros años a trabajar en todo lo que pillaba, desde ayudante en un taller de tapizados a conserje de un banco.

Casi con 30 años se traslada a Nueva York, donde consigue trabajo como profesor de ciencias y le animan a aprender fotografía para beneficio de la escuela. Y aquí es donde encuentra su inspiración. Con mucha parsimonia, seguramente en sus ratos libres y más bien como una afición antes que como un trabajo serio, empieza a hacer fotos de los inmigrantes que llegan a la Isla de Ellis.

Hay que entender el contexto histórico, ya que estos hechos ocurren en torno a 1903, el momento de máxima afluencia de inmigrantes llegados de Europa. Para hacernos una idea, sólo cuatro años después se produjo el récord de afluencia de inmigrantes, con 1.004.756 personas recibidas en el puerto de Nueva York. Era, por tanto, un asunto de tanta actualidad como las pateras que llegan cada verano a la costa de Andalucía, con historias llenas de la misma trascendencia social y dramatismo ante el fenómeno de la emigración.

A esa primera serie de fotografías le siguen otras sobre el trabajo infantil en Nueva York, en la que Hine sustituye las expresiones de desamparo de los italianos, polacos y húngaros que llegaban hacinados en los barcos de Europa, por las caras de tristeza de los chavales de 8 o 10 años que se ganaban la vida por las calles como vendedores de periódicos, limpiabotas o hilanderas en las fábricas textiles. Es decir, la otra cara de la inmigración.

lewis_hine_002A partir de este momento, Hine renuncia a su trabajo como profesor y se dedica por completo al de fotógrafo, trabajando para periódicos, agencias e instituciones como la Cruz Roja o el Comité Nacional para la Explotación Infantil, NCLC. La historia que hay entre este momento y su muerte, en 1940, arruinado y arrinconado en una casa que no podía mantener, es la de una progresiva decadencia personal. Pero ahí quedó su trabajo, especialmente amplio en el terreno de la explotación infantil y que la muestra recoge en algo más de un centenar de fotografías.

Como decía al principio, Hine no tenía técnica o estilo para trascender como un fotógrafo de talento. Su interés reside en la capacidad que tuvo para elegir una temática y un momento adecuados para la denuncia social. Es evidente que carecía de formación artística de cualquier tipo y que su técnica fotográfica era muy limitada. En su primera época, hasta el viaje que hizo a Europa con motivo de la I Guerra Mundial, sólo tiene un encuadre: el retrato central. Invariablemente coloca al sujeto en el centro de la imagen, más o menos cerca según las condiciones del entorno y cometiendo errores básicos, como recortar figuras por abajo o dejar un gran espacio vacío por encima.

Aún así, se benefició del uso de cámaras con una gran apertura, lo que provocaba un efecto de desenfoque de segundo plano accidental, pero muy efectivo en algunas de sus fotos, como la serie que realizó al final de su carrera con motivo de la construcción del edificio Empire State.

A partir de su viaje a Europa, el repertorio de encuadres de Hine aumenta, añadiendo una composición lateral en la que ya no retrata sólo el rostro o la figura del protagonista, sino que ya incluye su entorno, las máquinas con las que trabaja o el espacio en el que se mueve. Sigue siendo un fotógrafo limitado, que sólo trabajaba con luz natural, pero con una cierta evolución sobre sus orígenes.

Por desgracia, su momento de máximo éxito fue también el que marcó su declive. Es cierto que fundó una empresa para la comercialización de sus imágenes en prensa y que realizó varios trabajos, pero Hine nunca dejó de ser un empleado que buscaba la seguridad de un sueldo fijo antes que la pasión creativa de la cámara. Durante toda su época de mayor actividad fue empleado del NCLC, no un colaborador independiente, con un sueldo de casi 300 dólares mensuales.

Con el paso de los años, la cancelación de este contrato y su escaso talento comercial para negociar unas condiciones adecuadas de comercialización de sus fotos, hicieron que entrara en una espiral de insolvencia que terminó con la trágica muerte de su esposa en 1939 y la pérdida de su casa sólo un año después. Ese mismo 1940, Hine falleció a consecuencia de las complicaciones de una operación, aunque lo más probable es que perdiera las ganas por vivir, con 66 años, sólo y arruinado, sin nadie que mostrara el más mínimo interés por su trabajo.