Exposición: Garry Winogrand

garry_winogrand_008Garry Winogrand fue un fotógrafo social, nacido en Nueva York, que desarrolló su carrera profesional entre los años 50 y 70 del siglo XX. El pasado 20 de Abril visitamos la exposición que le ha dedicado la Fundación Mapfre.

Garry Winogrand estudió pintura y fotoperiodismo y fue un pionero de la fotografía callejera, con una técnica orientada a conseguir imágenes rápidas: una cámara Leica con objetivo gran angular pre-enfocado. El resultado fue una producción ingente en la que destaca la naturalidad de las imágenes alcanzadas, que constituyen un testimonio de su tiempo.

La muestra nos presenta fotos de tres épocas bien definidas: su estancia en Nueva York entre 1950 y 1971, sus trabajos fuera de la ciudad en el mismo periodo y su trabajo más tardío, entre Texas y Los Angeles. De la primera época nos sorprende la naturalidad y cercanía de sus fotos. Winogrand pasea entre la gente, se mezcla con los actos cotidianos de la gran ciudad y dispara su cámara de forma impulsiva, quizás tratando de retener cualquier detalle que le llama la atención.

Winogrand debió desarrollar muy pronto una técnica básica para centrarse en este tipo de fotografía, en donde lo importante no son las florituras técnicas sino el momento, el sentido de la oportunidad y la mirada del fotógrafo. Las imágenes que vemos, de gente cruzando la calle, parada frente a un escaparate o brindando con unas copas, son un testimonio de la vida cotidiana en las calles de Nueva York a mediados del siglo pasado.

Winogrand tiene a menudo un encuadre central, aunque no simétrico. El fondo es tan importante como el propio sujeto, algo difuminado por la distancia, pero lo suficientemente nítido como para distinguir sus rasgos principales. La mayor parte de las veces la cámara está inclinada, con un horizonte torcido que en condiciones normales podría molestar, pero que a él le sirve para dar dinamismo a la imagen. Su fotografía no es muy luminosa, incluso cuando hace fotos a plena luz del día, aunque este detalle varía cuando sale de Nueva York y empieza a retratar una américa más distante en la última etapa de su vida.

Las fotografías están llenas de gente, andando, riendo o charlando entre ellos. Muchas de esas personas miran a la cámara sorprendidos, lo que posiblemente indique que Winogrand no pedía permiso para hacer sus fotos, si no que las cogía al vuelo.

20150420-garry-winogrand-02Creo, y esta es mi opinión personal, que Winogrand no planeaba sus fotografías. El disparaba una tras otra, seguramente enamorado del momento, con una técnica fotográfica muy limitada, pero adecuada a sus inquietudes. Su talento reside en la capacidad de retratar el momento y en eso es genial. Es muy posible que el ligero desenfoque, la inclinación del horizonte y la sorpresa de las personas fuesen a menudo accidentales. Pero en algún momento todos esos factores se sumaban para dar una imagen única, dinámica y cautivadora, como esa manifestación de sindicalistas que protestan en medio de la calle. Esa foto recta no sería lo mismo.

La muestra recoge unas 300 fotografías, repartidas en dos salas que la Fundación Mapfre tiene en la sede de Bárbara de Braganza, salpicadas con algunos carteles informativos que nos orientan, aunque las secciones cronológicas no están claramente identificadas. Lo peor, la iluminación de la sala superior y los reflejos en el cristal que protege las copias en papel, que a menudo te despistan. Lo mejor, la amplia muestra recogida y el acierto de incluir un par de vitrinas con hojas de contacto en las que podemos apreciar el estilo de trabajo de Winogrand: a veces repetía la misma foto 5 o 6 veces con distintos ángulos y otras soltaba un único disparo para captar un momento irrepetible.

Dicen que al morir dejó miles de carretes si revelar. Seguro que contienen un tesoro que merece la pena recuperar.